Desacuerdo con todo: Háyase una necesidad de subvencionar insecticida

viernes, 21 de abril de 2017

Háyase una necesidad de subvencionar insecticida




Estaba hoy por un casual en un portal delante de la terraza de un bar. Coches pasando, la camarera limpiando una mesa, yo liándome un cigarrillo, un tío dejando caer un sipiajo regalimante de su boca, en fin, nada fuera de lo normal.


En eso que escucho a dos insectos hablando. Para quien aún no lo sepa, los insectos son todas aquellas personas altamente prescindibles que por cierto, abundan por doquier. Con prescindibles quiero decir exactamente lo que quiero decir, y es que podrías haberte ahorrado su creación, Oh Señor, y posiblemente el mundo fuera o fuese exactamente igual o mejor de lo que es ahora.



Estas dos personas insectas, hablaban como si no hubiese mañana de una extraordinaria experiencia que habían tenido unos días atrás, en una loquísima fiesta de universidad. Rondarían los 20 años, y eran más tontas que hechas por encargo. Las palabras "ejke", "tía", "laik", "instagram", "me'echo un tatu'", "liarse", "preservativo" y otras tonterías burrescas aparecieron como mínimo dos veces en toda la conversación, si es que se puede llamar así a lo que estaban haciendo. Yo creo que con las palabras mentadas hace breves instantes ya podríamos hacer un esquema del vocabulario, preocupaciones, inquietudes e intereses que tienen la mayoría de putos imbéciles inútiles odiosos simplones trendies de poca monta cutres e intrascendentes jóvenes de hoy día.



Las escuchabas y las observabas, y podías darte cuenta de que realmente se creían que lo que estaban contando era único e irrepetible. Extraordinario, algo que las demás personas no podrían entender. Una diversión, una compenetración con su amiga que podía derribar muros. Creían y creen, que sus vidas son absolutamente únicas, irrepetibles y mucho más interesantes, difíciles, duras y al mismo tiempo satisfactorias y plenas que las de los demás.



Es algo que observo en la gente desde hace un tiempo, sobretodo cuando te cuentan cosas que son auténticas gilipolleces (y no me vengáis con lo de la subjetividad de la importancia, porque me conozco la falacia y apesta) como si fuesen la única persona en el mundo que está pasando por eso o que tenga una anécdota divertida por contar.



Por el contrario, yo cuando escucho hablar a esta clase de gente, que suele oscilar entre los 15 y los 25 años hasta que se dejan de mamonadas, el proceso mental que utilizo es casi siempre el mismo :



Lo que estás contando es una mierda. Es decir, te estás partiendo de la risa mientras lo cuentas y no se ríe nadie. Lo que estás contando con ese tono de evento milenario me ha pasado a mí, a tí, al vecino, al perro del vecino y a su puta prima de Villaburros de Abajo. No puedes decir dos palabras seguidas sin gritar "tía" para dar algo de fuerza a tus frases. Lo que estás contando desde que has empezado, no tiene nada de único o irrepetible. Todo lo que tú vives lo vivimos, hemos vivido, o viviremos todos. Y al contrario de lo que crees, desde fuera das auténtica pena ajena. No hay nada peor que una persona corriente y común con nada que destacar creyéndose que es la única persona en el mundo con potestad de contar cosas ocurrentes y graciosas o de causar sensación en los demás. Tu puto "tatu" no sorprende a nadie, hoy día se tatúa hasta el que trabaja en el desguace de coches desmontando piezas. Especialmente el del desguace se tatúa. Tú tienes instagram, toda tu clase lo tiene, todo el instituto lo tiene, toda la ciudad, el país y el mundo lo tiene. Dentro de unos años, todas las fotos y las porquerías de las que alardeas y etiquetas a tus amigos trendies no servirán para nada. No sirve de nada tener 3000 likes por foto atiborrándote de filtros si luego eres un adefesio inservible. Y encima curras en el puto McDonald's, es que me lo ponéis muy fácil...




La moraleja es que falta mucha autocrítica y menos autoperdón. Tenemos que ser especialmente críticos con nosotros mismos para no vernos como imbéciles a los ojos de los demás. Puede serte muy útil para autoconvencerte pensar que lo que opinen los demás no importa, pero es mentira. Si la gente no te toma en serio, no vas a ser nada en la vida. Ni en el terreno laboral, ni en el amoroso, ni en el familiar, ni en el social. Tu amigo/a puede estar pensando que eres un completo gilipollas flipado mientras cuentas algo, y aunque te emperres en repetir que no te importa lo que opinen los demás, te importa y mucho. De no importarte, no contarías nada, ni lo malo ni lo bueno. Recordad, que los que más se empeñan y esfuerzan en que todo el mundo sepa que no les importa lo que opinen los demás, son los que más se preocupan y más jodidamente inseguros son.




Si fuésemos capaces de empatizar realmente, que no significa escuchar y ponerse en el lugar del otro sencillamente, sino ponerse en el lugar de alguien a quien le están contando eso, nos ahorraríamos muchas conversaciones estúpidas por todos lados. La persona realmente se daría cuenta de que si alguien le estuviese contando eso mismo a ella, pensaría que es una auténtica porquería. No vale pensarse que nosotros lo contamos más interesante o que es interesante por el mero hecho de contarlo nosotros mismos. A los ojos y el oído de los demás, lo que estás explicando es una chorrada, una niñatada, algo que puedes contar tú al igual que 6500 millones de personas más en el planeta.




Si algun pesao/da lenguafloja lee esto, que reflexione y se lo piense un par de veces antes de contarle su vida a cualquiera. Nos ahorraremos pesaos/as y ganaremos minutos de tiempo. Todos.










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