Desacuerdo con todo: Noches de verano

jueves, 14 de julio de 2016

Noches de verano

Verano, verano, verano. Esa ansiada época del año en la que reniegas de todas tus obligaciones y te centras en recuperar el tiempo perdido, seas estudiante o trabajador en una mina de carbón.





Es tiempo de fiestas, de descanso y de asueto general casi en todo nuestro país. Durante el verano, millones de personas se desplazan de un punto a otro de la Península Ibérica, con la intención de perder de vista todo aquello que comporte rutina, trabajo o cansancio o por lo menos, evitarlo durante unos pocos días al año.





Creo que la mayoría de personas consiguen huír de esas rutinas, y recargarse de nuevo para poder enfrentarse a la vida laboral, la vida tal y como nos la han enseñado : Repleta de retos y esfuerzos que se realizan para conseguir recompensas determinadas.





Conozco muchísima gente que está todo el año esperando el verano, de cabo a rabo. Relacionan el verano con interminables borracheras, intensas fumadas de finas hierbas diversas y 'relaciones' a troche y moche. Para ellos/as el verano es un período de libertinaje, de desfase y de no arrepentirse de nada. Piensan en vivirlo al ciento diez por cien, sin preocuparse por la resaca de mañana ni de madrugar hoy.




Yo solía opinar lo mismo del verano, pero ahora mismo reflexionar está más metido en el orden del día :





Me voy conformando con poco, o quizá todo lo contrario.



Me veo echando de menos cosas que antes echaba de más.



La relevancia es cambiante cuando se establece un nuevo orden de prioridades.




Llega cierta persona y las malditas mariposas se descapullan para convertirse en tábanos africanos.




Y pum, de repente la mayoría de fiestas te importan un carajo y medio. (O medio carajo, mejor aún)




Ahí va, borracho un miércoles en la silla del ordenador. Hay que ver cuánto ha cambiado mi vida en los últimos tres años.





Las cosas pierden gracia cuando ella no está ¿Eh? ¿Qué más te ocurre en su ausencia?





Que el whisky me sabe a agua, y el agua me recuerda a una botella. Una botella muy propia, que deja pasar la luz otorgándole un tono azulado muy característico. Una botella que casi todas las noches se vacía y se llena varias veces. A su vez, esa botella me recuerda a un cenicero en forma de cajetilla de cigarrillos. Esa cajetilla, que ha sido testigo mudo de muchas de nuestras absurdas y alocadas conversaciones, entre otras cosas.



Y entonces me doy cuenta de que no puedo ni beber sin relacionarlo con lo que yo llamaba 'absurdeces'. Lo que hablábamos : prioridades.




Y en mi vaivén mental se me siguen colando imágenes y recuerdos de cosas que aparentemente, no tienen absolutamente nada que ver con lo que estoy haciendo en ese momento : me estoy acostumbrando a recordarla sólo a ella cuando miro mis guitarras, después de más de diez años de vivencias con esos instrumentos. Eso tiene que ser importante.





Cuando bebo ron es cuando todo cobra algo más de sentido. Entonces siento como si la hubiese besado. Quién me iba a decir que terminaría bebiendo ron por voluntad propia a estas alturas ¿huh?





"Y veo las velas al lado de la mesa y recuerdo cuando se las enseñé, y veo el coche y la recuerdo sentada en el asiento del copiloto, y entro a mi cuarto y la imagino tumbada casi ordenándome que vaya con ella, simulando estar enfadada e impaciente. Y salgo a la calle y recuerdo que solía salir a la calle para ir a verla..." (...) ¿Absurdo, verdad?



Nadie tararea como tú lo haces al estar contenta.




Debe ser que la quiero, y algo que siempre ha tenido el amor es que es absurdo. Absurdo a la par que adictivo.



Esa playa era más bonita con su silueta sobresaliendo del agua.



Y cuando creo que ya lo he relacionado todo con ella sin lugar a excepciones, es cuando caigo de la higuera para darme cuenta de lo que está ocurriendo aquí :





Ocurre que lo amargo no es amargo ni lo dulce es dulce, es todo insaboro, insípido. El color blanco de mi Civic no es tan blanco, y la marihuana que florece en mi jardín destiñe su verde por las jardineras.



Lo divertido lo es a medias, y lo triste lo es al cuadrado.



Días de 48 horas que parecen no cansarse jamás de aferrarte al reloj, de hacerte sentir el mundo al revés. De ordenarle al viento que haga volar el tiempo en su presencia y corte sus alas cuando se marcha. A veces, la vida no es justa para los que añoran.





Noches de verano que sin ella, ni son de verano ni son noches.




Dicen que lo que proporciona encanto a las cosas es que tienen un comienzo y un final. Que lo intenso suele ser corto, que ese encanto empieza a perderse pronto, que pueden pasar mil millones de cosas, que puede, que puede, que puede...




En mi caso, el encanto me lo proporcionas tú. Todos los días. Y eso no hay quien lo supere.








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