Desacuerdo con todo: Felichitá

jueves, 19 de mayo de 2016

Felichitá

Hay que ver lo tremendamente odioso que era el puto anuncio del Kinder, digno de potada día sí y día también.


De pequeño, creía que la felicidad daba asco por culpa de ese anuncio. Si la felicidad implica ser imbécil, tener un hijo con cara de monaguillo de San Isidro y ponerte contento por regalarle un jodido huevo de chocolate estoy dispuesto a renunciar a ella de cabeza a pies.


Con los años te das cuenta de que no es así. Te das cuenta incluso, de que la felicidad no es exactamente lo que te venden en las películas, libros, historias e incluso en la cultura popular. Siempre nos venden la felicidad como algo utópico y no apto para diabéticos. Ni para aspirantes a diabético, me atrevería a decir.



Un trabajo exitoso, una casa grande, una mujer dulce y atenta (a poder ser, guapa y tetuda) y un par de hijos educados y correctos. Éste vendría a ser el "kit" básico de la felicidad a la carta.


Generaciones enteras de personas aspirando a tener algo así terminan sumidas en el estrepitoso fracaso, después de no alcanzar una expectativas que se han visto truncadas con el tiempo, a la espera de que "tiempos mejores vinieran o viniesen". Y la gente se separa, y las personas se deprimen, y se etiqueta a la gente como fracasada o triunfadora dependiendo de lo que hayan amasado en su cuenta corriente o en la cantidad de días que pasan en un hotel de cinco estrellas en el cálido verano.



¿Y si nos hemos estado equivocando todo éste tiempo? Y si, aunque suene tópico, estereotipado y bastante odioso, ¿la felicidad estuviera en las pequeñas cosas de la vida?



Esas pequeñas cosas tampoco tienen que ser como nos pintan en las tirriosas historias de amor platónico, como regalarle una rosa a tu puta madre sin que la pida, o que se te declaren en medio de tu puesto de trabajo postrados de rodillas con anillo de diamantes en mano. No, no creo que haya algo menos espontáneo que éste tipo de chorradas.




¿Y si la felicidad reside en estar a gusto contigo mismo? En fijarte metas o expectativas que tú quieras, que tú creas o sepas que te harán feliz. Nada de utopías ni aspiraciones irreales fuera de todo alcance, ¿qué hay de estar a gusto contigo y sólo entonces, encontrar a alguien que te complemente?



Buscar una serie de personas que te entiendan, con las que puedas ser realmente tú mismo y a poder ser, tengan puntos en común contigo. No es necesario que sean mimos de calle de lo que tú hagas o dejes de hacer, simplemente que puedan complementar lo que tú sepas y compartir otras cosas. Que puedas acercarte y alejarte sin ser luego repudiado. Que puedas seguir haciendo lo que te apetece cuando te apetece, aunque sea algo tremendamente complicado de conseguir y compaginar con la vida en sociedad. Poder contar con ellos, pero poder vivir sin ellos.


Sentir esa sensación de nula necesidad a su lado, conformarse con lo que se lleva puesto y poco más. Que todo fluya de una manera tan llevadera que te impresione, que te perturbe. Conseguir que tus ambiciones no tomen el control de tus prioridades, que puedas elegir con quien estar y cuando estar.




Eso debe ser la felicidad. Saber diferenciar el conformismo con estar realmente satisfecho. Levantarse cada día con las mismas ganas sin tener que romper rutinas, sin comprarse geles sexuales ni polladas en vinagre.







O igual la felicidad la trae drogarse y ya está, y me estoy pasando de la raya con tanta tontuna.


















No hay comentarios:

Publicar un comentario