Desacuerdo con todo

viernes, 21 de abril de 2017

Háyase una necesidad de subvencionar insecticida




Estaba hoy por un casual en un portal delante de la terraza de un bar. Coches pasando, la camarera limpiando una mesa, yo liándome un cigarrillo, un tío dejando caer un sipiajo regalimante de su boca, en fin, nada fuera de lo normal.


En eso que escucho a dos insectos hablando. Para quien aún no lo sepa, los insectos son todas aquellas personas altamente prescindibles que por cierto, abundan por doquier. Con prescindibles quiero decir exactamente lo que quiero decir, y es que podrías haberte ahorrado su creación, Oh Señor, y posiblemente el mundo fuera o fuese exactamente igual o mejor de lo que es ahora.



Estas dos personas insectas, hablaban como si no hubiese mañana de una extraordinaria experiencia que habían tenido unos días atrás, en una loquísima fiesta de universidad. Rondarían los 20 años, y eran más tontas que hechas por encargo. Las palabras "ejke", "tía", "laik", "instagram", "me'echo un tatu'", "liarse", "preservativo" y otras tonterías burrescas aparecieron como mínimo dos veces en toda la conversación, si es que se puede llamar así a lo que estaban haciendo. Yo creo que con las palabras mentadas hace breves instantes ya podríamos hacer un esquema del vocabulario, preocupaciones, inquietudes e intereses que tienen la mayoría de putos imbéciles inútiles odiosos simplones trendies de poca monta cutres e intrascendentes jóvenes de hoy día.



Las escuchabas y las observabas, y podías darte cuenta de que realmente se creían que lo que estaban contando era único e irrepetible. Extraordinario, algo que las demás personas no podrían entender. Una diversión, una compenetración con su amiga que podía derribar muros. Creían y creen, que sus vidas son absolutamente únicas, irrepetibles y mucho más interesantes, difíciles, duras y al mismo tiempo satisfactorias y plenas que las de los demás.



Es algo que observo en la gente desde hace un tiempo, sobretodo cuando te cuentan cosas que son auténticas gilipolleces (y no me vengáis con lo de la subjetividad de la importancia, porque me conozco la falacia y apesta) como si fuesen la única persona en el mundo que está pasando por eso o que tenga una anécdota divertida por contar.



Por el contrario, yo cuando escucho hablar a esta clase de gente, que suele oscilar entre los 15 y los 25 años hasta que se dejan de mamonadas, el proceso mental que utilizo es casi siempre el mismo :



Lo que estás contando es una mierda. Es decir, te estás partiendo de la risa mientras lo cuentas y no se ríe nadie. Lo que estás contando con ese tono de evento milenario me ha pasado a mí, a tí, al vecino, al perro del vecino y a su puta prima de Villaburros de Abajo. No puedes decir dos palabras seguidas sin gritar "tía" para dar algo de fuerza a tus frases. Lo que estás contando desde que has empezado, no tiene nada de único o irrepetible. Todo lo que tú vives lo vivimos, hemos vivido, o viviremos todos. Y al contrario de lo que crees, desde fuera das auténtica pena ajena. No hay nada peor que una persona corriente y común con nada que destacar creyéndose que es la única persona en el mundo con potestad de contar cosas ocurrentes y graciosas o de causar sensación en los demás. Tu puto "tatu" no sorprende a nadie, hoy día se tatúa hasta el que trabaja en el desguace de coches desmontando piezas. Especialmente el del desguace se tatúa. Tú tienes instagram, toda tu clase lo tiene, todo el instituto lo tiene, toda la ciudad, el país y el mundo lo tiene. Dentro de unos años, todas las fotos y las porquerías de las que alardeas y etiquetas a tus amigos trendies no servirán para nada. No sirve de nada tener 3000 likes por foto atiborrándote de filtros si luego eres un adefesio inservible. Y encima curras en el puto McDonald's, es que me lo ponéis muy fácil...




La moraleja es que falta mucha autocrítica y menos autoperdón. Tenemos que ser especialmente críticos con nosotros mismos para no vernos como imbéciles a los ojos de los demás. Puede serte muy útil para autoconvencerte pensar que lo que opinen los demás no importa, pero es mentira. Si la gente no te toma en serio, no vas a ser nada en la vida. Ni en el terreno laboral, ni en el amoroso, ni en el familiar, ni en el social. Tu amigo/a puede estar pensando que eres un completo gilipollas flipado mientras cuentas algo, y aunque te emperres en repetir que no te importa lo que opinen los demás, te importa y mucho. De no importarte, no contarías nada, ni lo malo ni lo bueno. Recordad, que los que más se empeñan y esfuerzan en que todo el mundo sepa que no les importa lo que opinen los demás, son los que más se preocupan y más jodidamente inseguros son.




Si fuésemos capaces de empatizar realmente, que no significa escuchar y ponerse en el lugar del otro sencillamente, sino ponerse en el lugar de alguien a quien le están contando eso, nos ahorraríamos muchas conversaciones estúpidas por todos lados. La persona realmente se daría cuenta de que si alguien le estuviese contando eso mismo a ella, pensaría que es una auténtica porquería. No vale pensarse que nosotros lo contamos más interesante o que es interesante por el mero hecho de contarlo nosotros mismos. A los ojos y el oído de los demás, lo que estás explicando es una chorrada, una niñatada, algo que puedes contar tú al igual que 6500 millones de personas más en el planeta.




Si algun pesao/da lenguafloja lee esto, que reflexione y se lo piense un par de veces antes de contarle su vida a cualquiera. Nos ahorraremos pesaos/as y ganaremos minutos de tiempo. Todos.










sábado, 18 de marzo de 2017

Lecciones



Nunca se sabe cuándo te encontrarás con uno de esos reveses de la vida, que te golpea en la cara dejándote atónito cuando te creías que ya no podía ocurrir. Es increíble que la vida humana se resuma en eso, en ir dándote piñazos para darte cuenta de que realmente no hay nada que esté en tus manos o bajo tu control.


Creo que es una de las cosas más importantes que toca aprender. Nada es seguro, nada está bajo tu absoluto control. Ni se te ocurra ser tan soberbio/a de pensar eso, pues es lo más falso que puede haber.

Siempre se ha dicho que la vida es incierta, y así es. Te levantas todas las mañanas exactamente de la misma manera, sobre la misma hora, para hacer lo mismo de todos los días y seguir tu estilo de vida estable, apaciguado y tranquilo. ¿Te crees que durará para siempre? Pobre imbécil iluso.


La mierda ocurre, y ocurre siempre en el peor momento para tí. Igual es porque la vida se resume en una serie de etapas y fases, las cuales consisten en estar como el culo para luego volver a estar neutro.


Es por eso que es absolutamente necesario aprender a disfrutar de estar tranquilo. Exacto, de la tranquilidad. Esa sensación que te invade para decirte que no ocurre ni ocurrirá nada, para hacerte sentir seguro y para relajarte. De costumbre, mucha gente lo suele llamar directamente "aburrimiento", porque no se han tomado la molestia ni de observar y disfrutar el momento presente. De eso habla todo el rollo del 'Carpe Diem' a fin de cuentas, ¿no?



También ocurre que en tu vida puedes encontrar cotorras tartamudas por doquier, las cuales no entienden el concepto explicado más arriba y llenan el silencio y la tranquilidad con palabras tontas y mítines que no interesan a nadie excepto a estas. Eso es algo normal, ya que no se han tomado la molestia de meterse en la piel de las demás personas mientras cuentan esas gigantescas gilipolleces que tanto les entusiasman.


La vida hasta el día de hoy ha sido un juego muy peligroso e inestable, y parece ir a más según avanzan las cosas. Es imparable, incesante y muy duro.




Que cada cual haga su interpretación. Vía libre.

jueves, 5 de enero de 2017

Tirria

Observando detenidamente (y no tan detenidamente) podemos darnos cuenta de que la mayoría de relaciones humanas son falsas, intrascendentes y simplonas. Con falsas no me refiero a las personas en sí, sino más bien en que se basan en contarse gilipuerteces que no importan a "A" ni a "B".



Yo entablo una conversación hablando de mí y de cualquier gilipollez relacionada conmigo. La otra persona me escucha detenidamente o hace ver que lo hace, para contestar algo que puede que tenga que ver con lo que yo he dicho o puede que no. Igualmente, no importa ni la afirmación ni la respuesta, porque en eso mismo se basa hablar con la gente.



Nunca puedes estar seguro de si a la otra persona le está interesando lo que le estás contando porque aunque te diga que sí, somos todos una panda de jodidos mentirosos que fingimos como algo habitual y normal. Cuando empiezas a plantearte este tipo de cosas es cuando piensas realmente si sirve de algo hablar, participar, esforzarse en escuchar lo que los demás hablan.



Si se supone que no te tiene que importar lo que piensen los demás, y tampoco tienes que pensar en que puedes aburrir o no interesar al receptor de tu mensaje, entonces carece de sentido estar contando tu vida o cualquier cosa. Básicamente porque si no te importa lo que piensen los demás, te importará lo mismo si es para bien o es para mal. En ese caso, puedes prescindir de decir cualquier cosa ya que a efectos prácticos, no hace ninguna falta expresar nada.



Porque en el fondo, nos importa un carajo lo que nos estén contando. Lo único que queremos es dar NUESTRO punto de vista, NUESTRA experiencia, NUESTRO toque. En resumidas cuentas, lo que buscamos de manera subliminal y sutil es llamar la atención.


Me repugna el concepto de llamar la atención. Siempre he sabido que las personas que necesitan llamar la atención de los demás de manera constante sufren de carencias afectivas o de tipo psicológico. Llamar la atención puede consistir en pequeñas cosas como alzar el tono de voz cuando otro está hablando, gritar para tener más razón, intentar salirse siempre con la tuya para salir airoso de una conversación o acusación o cualquier cosa que implique ponerte por encima de los demás.



Y veo personas que se juntan y están bien, entre risas y bromas inocentes. Y luego veo a las mismas personas insultarse, despreciarse de la manera más hiriente que puede existir sin que la otra parte se entere.


Veo personas intentando parecer más ingeniosas y 'guays' de lo que realmente son. Y veo personas preguntándote por cosas que no les importan ni les importarán jamás. Veo fingimiento.


Veo personas hablando de sus insignificantes vidas con un fervor y un empeño brutal, hablando de ellos mismos/as como si fuesen únicos/as e irrepetibles. Cuando no lo son.


Veo personas indignándose por gusto, contando anécdotas enfatizando enfado y fingiendo hartazgo sólo para tener excusa para contar alguna gilipollez que les ha ocurrido y así quedarse tranquilos. Desahogarse.


Veo pobres desgraciados. Veo que nadie se entera de nada y cree enterarse de todo. Veo demasiadas cosas, veo insectos con capacidades motoras humanas intentando gritar: "miradme, no soy uno más."


Veo que más que nunca, me dan asco. Tirria. Nunca he soportado las cosas preparadas, esquematizadas o falsas. Eso es un terrible problema para tener que vivir integrado en una sociedad de pobres imbéciles.



Y por último, veo que tan sólo unos pocos entienden lo que está escrito más arriba y los que creen entenderlo, me decepcionan al darme sus conclusiones.




Miedo y asco para todos, chao.




miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sin título

El tiempo vuela y no sabes ni por qué. Nos inventamos el tiempo como excusa para organizar nuestra pasajera existencia en este mundo, la cual se centra en estructurarse una vida que cada uno encauza como cree más oportuno o en su defecto, como puede.


Lo que es igual para todos es crecer y desarrollarse. El sprint que inicia la vida cuando te das cuenta de que la mayoría de cosas que había por vivir ya las has vivido, aún siendo joven.


Aún quedando muchas cosas por experimentar y experiencias por vivir, para mí todo pierde mucho el color cuando me doy cuenta de lo pasajeras que son las cosas y las personas y lo crueles que pueden llegar a ser algunos cambios. A veces creo que soy incapaz de vivir siendo consciente de que todo termina por convertirse en polvo en el viento, que todo se termina yendo por el desagüe y que no puedes hacer nada por evitarlo.


Y no es que sea algo malo o algo bueno, es que la vida funciona así. Y eso da puto asco, si me permitís.



Se suele decir que la nostalgia es el reproche del olvido, el perfume de las cosas que has querido y ya se han ido. Estoy en una etapa en la cual se me hace complicado tomar en serio relaciones interpersonales con gente que sé que desaparecerán en un breve lapso de tiempo. La enfermiza obsesión de mirar atrás y ver una vida con cosas mejores y peores que ahora pero sin duda, una inexistencia de preocupación por el paso del tiempo, ya que no lo veías escapar como agua entre las manos.



Así que lo dejo correr todo. Y hasta deja de importarme hacerlo.





Se trata de otra etapa más que es necesario superar para seguir disfrutando de las cosas, aunque a veces termino creyendo que en el fondo me gusta estar así. Soy un amargado de profesión desde hace ya bastante tiempo.



Hace once años me compraba mi primera guitarra. Hace diez años me fumaba mi primer cigarro. Hace nueve, me relacionaba con un abanico extenso de amigos inseparables los cuales rescindieron su contrato de amistad hace ya mucho. Hace ocho tenía la sensación de que todo lo que tenía iba a durar para siempre. Hace siete desperté por un instante para volver a dormirme. Hace seis, conocía a la persona con la que compartiría tres años más. Hace tres años todo se reducía a cenizas para volver a tomar otra forma nueva. Hace dos, perdía la fe para ganarme de malas formas el corazón de los demás, sin aportarme nada.


Suma y sigue, suma y sigue. Vivencia tras vivencia me formulo la misma pregunta :




¿Qué sentido tiene todo esto?




Supongo que todo son experiencias de las cuales debes sacar conclusiones. Conclusiones útiles, a poder ser. Experiencias, personajes y situaciones te pondrán a prueba porque para algo has venido al mundo.



Lo que aún nadie sabe, es para qué.








jueves, 14 de julio de 2016

Noches de verano

Verano, verano, verano. Esa ansiada época del año en la que reniegas de todas tus obligaciones y te centras en recuperar el tiempo perdido, seas estudiante o trabajador en una mina de carbón.





Es tiempo de fiestas, de descanso y de asueto general casi en todo nuestro país. Durante el verano, millones de personas se desplazan de un punto a otro de la Península Ibérica, con la intención de perder de vista todo aquello que comporte rutina, trabajo o cansancio o por lo menos, evitarlo durante unos pocos días al año.





Creo que la mayoría de personas consiguen huír de esas rutinas, y recargarse de nuevo para poder enfrentarse a la vida laboral, la vida tal y como nos la han enseñado : Repleta de retos y esfuerzos que se realizan para conseguir recompensas determinadas.





Conozco muchísima gente que está todo el año esperando el verano, de cabo a rabo. Relacionan el verano con interminables borracheras, intensas fumadas de finas hierbas diversas y 'relaciones' a troche y moche. Para ellos/as el verano es un período de libertinaje, de desfase y de no arrepentirse de nada. Piensan en vivirlo al ciento diez por cien, sin preocuparse por la resaca de mañana ni de madrugar hoy.




Yo solía opinar lo mismo del verano, pero ahora mismo reflexionar está más metido en el orden del día :





Me voy conformando con poco, o quizá todo lo contrario.



Me veo echando de menos cosas que antes echaba de más.



La relevancia es cambiante cuando se establece un nuevo orden de prioridades.




Llega cierta persona y las malditas mariposas se descapullan para convertirse en tábanos africanos.




Y pum, de repente la mayoría de fiestas te importan un carajo y medio. (O medio carajo, mejor aún)




Ahí va, borracho un miércoles en la silla del ordenador. Hay que ver cuánto ha cambiado mi vida en los últimos tres años.





Las cosas pierden gracia cuando ella no está ¿Eh? ¿Qué más te ocurre en su ausencia?





Que el whisky me sabe a agua, y el agua me recuerda a una botella. Una botella muy propia, que deja pasar la luz otorgándole un tono azulado muy característico. Una botella que casi todas las noches se vacía y se llena varias veces. A su vez, esa botella me recuerda a un cenicero en forma de cajetilla de cigarrillos. Esa cajetilla, que ha sido testigo mudo de muchas de nuestras absurdas y alocadas conversaciones, entre otras cosas.



Y entonces me doy cuenta de que no puedo ni beber sin relacionarlo con lo que yo llamaba 'absurdeces'. Lo que hablábamos : prioridades.




Y en mi vaivén mental se me siguen colando imágenes y recuerdos de cosas que aparentemente, no tienen absolutamente nada que ver con lo que estoy haciendo en ese momento : me estoy acostumbrando a recordarla sólo a ella cuando miro mis guitarras, después de más de diez años de vivencias con esos instrumentos. Eso tiene que ser importante.





Cuando bebo ron es cuando todo cobra algo más de sentido. Entonces siento como si la hubiese besado. Quién me iba a decir que terminaría bebiendo ron por voluntad propia a estas alturas ¿huh?





"Y veo las velas al lado de la mesa y recuerdo cuando se las enseñé, y veo el coche y la recuerdo sentada en el asiento del copiloto, y entro a mi cuarto y la imagino tumbada casi ordenándome que vaya con ella, simulando estar enfadada e impaciente. Y salgo a la calle y recuerdo que solía salir a la calle para ir a verla..." (...) ¿Absurdo, verdad?



Nadie tararea como tú lo haces al estar contenta.




Debe ser que la quiero, y algo que siempre ha tenido el amor es que es absurdo. Absurdo a la par que adictivo.



Esa playa era más bonita con su silueta sobresaliendo del agua.



Y cuando creo que ya lo he relacionado todo con ella sin lugar a excepciones, es cuando caigo de la higuera para darme cuenta de lo que está ocurriendo aquí :





Ocurre que lo amargo no es amargo ni lo dulce es dulce, es todo insaboro, insípido. El color blanco de mi Civic no es tan blanco, y la marihuana que florece en mi jardín destiñe su verde por las jardineras.



Lo divertido lo es a medias, y lo triste lo es al cuadrado.



Días de 48 horas que parecen no cansarse jamás de aferrarte al reloj, de hacerte sentir el mundo al revés. De ordenarle al viento que haga volar el tiempo en su presencia y corte sus alas cuando se marcha. A veces, la vida no es justa para los que añoran.





Noches de verano que sin ella, ni son de verano ni son noches.




Dicen que lo que proporciona encanto a las cosas es que tienen un comienzo y un final. Que lo intenso suele ser corto, que ese encanto empieza a perderse pronto, que pueden pasar mil millones de cosas, que puede, que puede, que puede...




En mi caso, el encanto me lo proporcionas tú. Todos los días. Y eso no hay quien lo supere.








lunes, 6 de junio de 2016

Modillas y posturas varias

Siento que puedo y debo afirmar que la mayoría de jóvenes de entre 16 y 20 años son más memos, simplones y absurdos a cada generación que pasa. Unas prioridades horriblemente establecidas y una espectacular necesidad de llamar la atención y diferenciarse de los demás termina en un escarnio absoluto, acabando por demostrar que no sólo son exactamente iguales que los demás, sino que no soportan la idea de ser ignorados y pasados por alto, llevándoles a hacer el ridículo día sí y día también.



No me malinterpretéis, yo también he tenido mi etapa de ser imbécil (de hecho, algunas personas me suelen recordar que mi nivel de imbecilidad no sólo se ha mantenido, sino que ahora roza lo insoportable). No obstante, el auge de las redes sociales y la posibilidad de poder expresar todo cuanto desees o necesites con un sólo 'clic' o compartición, hace que aguantar a esos jóvenes sea una tarea insoportable y difícil de asimilar sin querer suicidarse. 



En mi época adolescente prematura (14,15 años) no existían los smartphones. Los móviles servían para llamar (QUÉ COSA TAN LOCA, OYE) y lo único que existía era el Facebook, el cual estaba bastante eclipsado por el Tuenti entre otras mierdas. La única posibilidad de manifestar que eras diferente a los demás era por la vía del lenguaje, y gritar a cuatro vientos "mIrADme, soY EsPeciaL" directamente te convertía en un pobre parásito sediento de atención y frustrado por quién sabe qué. Así que la única manera de destacar era siendo tú, y si tú no destacas porque no vales un centavo debes convivir con ello, y callarte la puñetera boca.



Ahora no, ahora la gente normal y corriente se llena la cabeza de pájaros y de gilipolleces totalmente prescindibles, las cuales hacen que a la medida que evoluciona toda esa generación tengan el coco atiborrado de hashtags, poesías absurdas, viñetas de personas tatuadas besándose complementadas con frases absurdas carentes de todo fundamento y muchas, muchas barbas y aceites para cuidarlas.



Cuidar y aceitar una barba. Os merecéis una visita rápida al patíbulo así como quien no quiere la cosita...




Haciendo honor a mi postura absolutamente reaccionaria y contraria a las enormes bobadas que lleva a la gente de cabeza hoy día, necesito hacer apología del terrible daño que infringen las tendencias y las modas a las generaciones venideras, afirmando con total seguridad que la tontuna profunda termina por reinar en todos y cada uno de los cerebros de los jóvenes imbéciles.




Me resulta súmamente triste que las personas sientan necesidad de identificarse con algo o que se les reconozcan méritos de manera cada vez más prematura. Apenas superan la mayoría de edad y no soportan la idea de estar sobre la media o de confundirse con otra persona. Necesitan ser únicos e irrepetibles, necesitan que se les reconozca que no son del montón, que tienen una serie de cualidades que les hace ser irremplazables y absolutamente necesarios para los demás.




Yo no recuerdo a nadie en mi época post-puberta haciendo y diciendo chorradas del calibre de las que se ven ahora. La diferencia es abismal, ofensiva. No recuerdo a nadie muriéndose por tatuarse algo, no recuerdo a los nazis ortográficos que ahora están tan de moda, que insultan y desacreditan a todo aquel que no ponga todas y cada una de las tildes que hacen falta, como si fuesen inmediatamente superiores por el hecho de cuidar una falsa ortografía que en el fondo, les suda el nabo a tres bandas.


No recuerdo a nadie escribiendo poesías de todo y de nada sin haber vivido ni la mitad de lo que predican. No recuerdo a nadie muerto de ansia por buscar reconocimiento y aceptación a base de likes o gilipolleces misceláneas como ahora. No recuerdo a nadie fardar de leer libros.



Fardar de leer libros. Alardear de haber leído más que el otro. Creo que es una de las cazurradas más grandes de la historia, es como darle la vuelta a un calcetín ; es tan pedante y absurdo que lo hace digno de burro albino.




Por eso he creído que fomentar las modas y las posturas antes de tiempo es absolutamente nocivo para el desarrollo de las personas. Meterle en la cabeza a las personas que son especiales, que cada uno de ellos son únicos e insustituibles los hace estar atados de por vida a demostrar lo que valen, volviéndolas insoportables, insufribles y egocéntricas.




Son tan súmamente bobalicones que cambian sus ideales o posturas al ver que ya no funcionan. Basta con criticar algo que hoy están predicando (teniendo indudablemente más criterio y experiencia) para que mañana lo cambien y se den cuenta de que no estaban en lo cierto, simplemente estaban diciendo tonterías como un buque insignia de grandes.



Ah, claro. Es que en el momento en el que alguien con más oratoria que ellos critica o pone de vuelta y media algo que antes causaba sensación, ese algo deja de tener ningún valor, y se convierte en algo obsoleto y sin poder de convicción. Panda de criajos de mierda.




Para cuando todas esas personas se den cuenta de la cantidad de tiempo que han malgastado tratando de causar sensación y criticando a aquellos que la causan sin pretenderlo, la amargura y el vacío predominarán tanto que no habrá vuelta atrás. Nada de lo que habrán dicho o hecho habrá servido para nada, hasta que lleguen a la conclusión de que sí, realmente eran como todos los demás. Entonces es cuando probarán lo amargo del caramelo que se han comido ; un caramelo hecho de likes, de textos absurdos que a nadie ya interesan y muchos tatuajes de diamantes y estrellas de los que luego reniegas e incluso tapas con prendas.




Eres como todos los demás, pero te has emperrado en ser el número uno en algo a los 20 tacos. Visto desde fuera, es tan ridículo como inútil. Dos individuos son una copia, pero hay una diferencia muy grande entre ellos :



La diferencia entre el uno y el otro, es que uno no ha tenido que gritarlo a los cuatro vientos escribiendo gilipolleces para terminar llegando a la misma conclusión : De que no sirve de nada hacer algo muy bien si luego eres insoportable y nadie quiere estar a tu vera, porque al fin y al cabo, no eres más que una personilla absurda y triste tratando de diferenciarte del resto a marchas forzadas.


 
La intransigencia que has demostrado queriendo posicionarte siempre encima de los demás insultando o desacreditando cosas que ni te incumben ni realmente te importan, sólo la necesitas para subirte la moral y cerciorarte de que tú eres mejor y ellos no.




Me da miedo que algo así abunde tanto últimamente. Paradójicamente, se emperran en ser "ediciones limitadas" de ellos mismos pero todos usando el mismo método : Decir gilipolleces.





¿Soy el único que se ha dado cuenta? No veo demasiadas reflexiones al respecto.












jueves, 19 de mayo de 2016

Felichitá

Hay que ver lo tremendamente odioso que era el puto anuncio del Kinder, digno de potada día sí y día también.


De pequeño, creía que la felicidad daba asco por culpa de ese anuncio. Si la felicidad implica ser imbécil, tener un hijo con cara de monaguillo de San Isidro y ponerte contento por regalarle un jodido huevo de chocolate estoy dispuesto a renunciar a ella de cabeza a pies.


Con los años te das cuenta de que no es así. Te das cuenta incluso, de que la felicidad no es exactamente lo que te venden en las películas, libros, historias e incluso en la cultura popular. Siempre nos venden la felicidad como algo utópico y no apto para diabéticos. Ni para aspirantes a diabético, me atrevería a decir.



Un trabajo exitoso, una casa grande, una mujer dulce y atenta (a poder ser, guapa y tetuda) y un par de hijos educados y correctos. Éste vendría a ser el "kit" básico de la felicidad a la carta.


Generaciones enteras de personas aspirando a tener algo así terminan sumidas en el estrepitoso fracaso, después de no alcanzar una expectativas que se han visto truncadas con el tiempo, a la espera de que "tiempos mejores vinieran o viniesen". Y la gente se separa, y las personas se deprimen, y se etiqueta a la gente como fracasada o triunfadora dependiendo de lo que hayan amasado en su cuenta corriente o en la cantidad de días que pasan en un hotel de cinco estrellas en el cálido verano.



¿Y si nos hemos estado equivocando todo éste tiempo? Y si, aunque suene tópico, estereotipado y bastante odioso, ¿la felicidad estuviera en las pequeñas cosas de la vida?



Esas pequeñas cosas tampoco tienen que ser como nos pintan en las tirriosas historias de amor platónico, como regalarle una rosa a tu puta madre sin que la pida, o que se te declaren en medio de tu puesto de trabajo postrados de rodillas con anillo de diamantes en mano. No, no creo que haya algo menos espontáneo que éste tipo de chorradas.




¿Y si la felicidad reside en estar a gusto contigo mismo? En fijarte metas o expectativas que tú quieras, que tú creas o sepas que te harán feliz. Nada de utopías ni aspiraciones irreales fuera de todo alcance, ¿qué hay de estar a gusto contigo y sólo entonces, encontrar a alguien que te complemente?



Buscar una serie de personas que te entiendan, con las que puedas ser realmente tú mismo y a poder ser, tengan puntos en común contigo. No es necesario que sean mimos de calle de lo que tú hagas o dejes de hacer, simplemente que puedan complementar lo que tú sepas y compartir otras cosas. Que puedas acercarte y alejarte sin ser luego repudiado. Que puedas seguir haciendo lo que te apetece cuando te apetece, aunque sea algo tremendamente complicado de conseguir y compaginar con la vida en sociedad. Poder contar con ellos, pero poder vivir sin ellos.


Sentir esa sensación de nula necesidad a su lado, conformarse con lo que se lleva puesto y poco más. Que todo fluya de una manera tan llevadera que te impresione, que te perturbe. Conseguir que tus ambiciones no tomen el control de tus prioridades, que puedas elegir con quien estar y cuando estar.




Eso debe ser la felicidad. Saber diferenciar el conformismo con estar realmente satisfecho. Levantarse cada día con las mismas ganas sin tener que romper rutinas, sin comprarse geles sexuales ni polladas en vinagre.







O igual la felicidad la trae drogarse y ya está, y me estoy pasando de la raya con tanta tontuna.